Un buen vecino

blue wooden french doors

Photo by Luis Quintero on Pexels.com

“Doña Jacqueline, baje porque su carro fue chocado en el parqueo por un vecino”, así interrumpió mi descanso el portero del edificio en que resido. ¿Cómo en un parqueo tan amplio puede alguien chocar mi auto? ¿Cómo pudo entrar otro carro a mi espacio de estacionamiento? ¿Algún vecino nuevo?, me pregunté.

Bajé siete pisos con inmenso disgusto, atormentada por los contratiempos que las diligencias para arreglar mi vehículo me ocasionarían. Al salir del ascensor me esperó el portero con una fina tarjeta, cuyo perfume delataba la frescura de su manuscrito: “Vecina, le pido disculpas por el accidente ocasionado por mi padre. Por favor llámeme para coordinar una visita a mi aseguradora, allá la esperarán y resolverán todo”.

Minutos después, el vecino me dio todas las instrucciones vía telefónica. No sin antes, reiterar lo apenado que estaba por los daños ocasionados por su padre, a quien se refirió como un señor de avanzada edad cuya última aventura vehicular sería esta.

Confieso que el impacto del carro fue significativo, pero el impacto por el desborde de responsabilidad y amabilidad fue mayor.

Al día siguiente, por instrucciones del “doctor” (mi vecino), recibí las más finas atenciones en la compañía aseguradora y mi auto fue reparado a la mayor brevedad. Hasta ese momento no había visto su cara o al menos eso creía, sólo sabía que mi vecino era doctor en medicina y que protegía y cuidaba a sus padres como su mayor tesoro.

Tiempo después, una de mis hijas enfermó y en la clínica nos recomendaron a su mejor especialista. Así lo conocí en persona y en esta segunda oportunidad, pude apreciar la absoluta entrega a sus pacientes. “El doctor” dedicó semanas a contar cada gota de sangre de mi hija hasta entregármela sana.

A partir de ahí, suelo compartir saludos, en el elevador o en el parqueo, con este simpático vecino a quien admiro por su profesionalidad y sobre todo por su constante afán de dar calidad de vida a sus padres.

Todo lo que promuevo sobre la cortesía hacia los vecinos, sobre los buenos modales y sobre el respeto a los padres se resume en esta historia. El manejo correcto de este vecino evitó cualquier disgusto o posible enemistad con alguien que hasta ese momento era desconocido por mí.

Al saber que el padre de mi vecino ha partido al cielo a sus 95 años, recuerdo el impasse que me permitió conocer la devoción de un hijo cuando pasa de ser cuidado a cuidador casi convirtiéndose en el padre de su progenitor.

¿Cómo en un parqueo tan amplio pudo alguien chocar mi auto? ¿Cómo pudo entrar a mi lugar de estacionamiento? 15 años después las respuestas son muy claras, me han hecho reflexionar y llegar a estas conclusiones:

  1. Que todo conflicto requiere un manejo adecuado, solo así aportamos a una cultura de paz.
  2. Que una familia vecina puede ser un buen ejemplo, donde un padre cosecha lo sembrado y un hijo practica el amor responsable.
  3. Que un vecino puede llegar a salvarnos la vida. No en vano dicen que “más vale un vecino cerca que un hermano lejos”.
  4. Que cultivemos mejores relaciones con nuestros vecinos. Procuremos conocerlos, saludarlos, agradecerles y ofrecerles nuestra ayuda.
  5. Que los buenos vecinos hay que atesorarlos porque cada vez son más escasos.

Por último, doy gracias a Dios porque mi parqueo fue el elegido por el santo padre del doctor. Su “visita” me ha hecho reflexionar sobre el valor de un buen vecino.

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