El ángel de Ellicott

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“Te quiero prima, I love you” así se despidió Danilsa antes de colgar el teléfono. Yo tenía 22 años y todavía recuerdo el impacto que me causó escuchar esa “dulce confesión de amor”.

Danilsa Marciniak

Dani celebrando 7 años

Me preguntaba por qué esta prima me quería y por qué me lo decía.  Siempre hemos vivido muy distantes. Ella en los Estados Unidos y yo en República Dominicana. Yo le hablo en español y ella me habla en inglés. A ella le gusta el frío y a mí el calor. Es más, nunca hemos compartido dos días completos juntas.

Me atrevo a decir que somos vivo ejemplo de las familias latinas que emigran en busca del sueño americano. Una parte se queda en su tierra natal y la otra echa raíces en otro país y asume una nueva cultura.

Es obvio que la sangre, la misma que compartieron su padre y mi madre, ha sido lo que nos ha mantenido “cerca”. Pero la cercanía, de mi parte, ha estado nutrida por una profunda admiración por este ser tan especial.

Dani (así le decimos cariñosamente) nació en Nueva York, Estados Unidos, hija de padres dominicanos y la hermana mayor de cuatro. Desde esa ciudad nos llegaban sus fotografías y noticias. De niña yo escuchaba las historias de esa “Rodríguez” tan aplicada, inteligente, amorosa, alegre y excelente concertista de piano. Yo sólo escuchaba, y veía fotos de cómo esa niña de tantas virtudes se iba convirtiendo en una hermosa adolescente llena de admiradores y líder indiscutible por doquier.

Danilsa Marciniak (Navy)

Dani en la Marina (Navy)

Muy joven aún, se marchó a formar parte de la Marina (Navy) de los Estados Unidos para servir a su país por varios años. Me costó trabajo entender cómo una joven tan hermosa y emprendedora se dedicaría a un oficio tan riesgoso y poco “coqueto”. En ese momento imperó ese otro don de Dani de entregarse a las causas más necesitadas, pues desde muy pequeña ha participado en varias fundaciones como voluntaria y mantiene un deseo inconmensurable de aportar  a su comunidad.

Concluido su deber patriótico, se casó cual princesa en un cuento de hadas. Luego los nacimientos de sus dos hijas: Debra y Natalie los vivimos, desde lejos, como grandes acontecimientos por las continuas fotografías y detalles que Dani nos hacía llegar. A partir de entonces, cada Navidad, está marcada por una carta/tarjeta de la familia “Marciniak” donde Danilsa nos relata todo lo transcurrido, en su familia, durante ese año e incluye fotografías.

Detalles tras detalles, alegrías y buenas noticias sólo recibíamos de Dani, hasta el día de aquella triste noticia.

Todo marchaba de maravilla. Con una familia ejemplar, con amigos entrañables, éxito profesional, vivía en la casa de sus sueños, Dios era el centro de su vida y de repente Dani fue diagnosticada con linfoma no Hodgkin, un cáncer que se encuentra en los ganglios linfáticos. Los médicos le vaticinaron sólo un 40% de sobrevivencia.

La noticia de la enfermedad de Dani nos produjo una gran tristeza. De repente nos invadió un enmudecimiento. Para todos era impensable que la vida de un ser de tantas virtudes pudiera estar en peligro.

Hasta que aquella voz, con muy poca fuerza y emitida por un cuerpo débil y enflaquecido tomó el mando y comenzó a darnos los detalles de cada paso.

Un ángel que nunca dejó de sonreír y dar amor

Un ángel que nunca dejó de sonreír y dar amor

Cartas y fotografías narraban malestares, hospitales, tratamientos, días buenos y otros no tanto. Dani nos animaba con la certeza de que todo saldría bien. Fueron tiempos muy difíciles, pero aseguraba que de la mano de Dios se libraría de esa terrible enfermedad de la que pocos logran escapar.

Ya han pasado 14 años y cuánta razón tenía Dani. Resurgió como el Ave Fénix y Dios le ha dado la oportunidad de guiar a sus hijas con el amor y detalles que sólo ella sabe dar. Amor que no se detiene ahí, pues va mucho más allá de su entorno.

Danilsa Marciniak

Wanda, Danilsa y yo en Washington en 2013.

En el verano de 2007 mi amiga y vecina de toda la vida, Wanda, se marchó con sus tres niños a vivir a la ciudad de Ellicott en Maryland. Desorientada, en aquella ciudad de escasos latinos, buscaba asesoría de escuelas y varias cosas más. Fue cuando la refirieron al Departamento Internacional del Sistema Escolar Público del Condado de Howard (Howard County Public School System), ahí le hablaron sobre la labor de una dominicana. Una latina que servía como enlace entre el Departamento y latinos, pero que además recién había formado un grupo para padres de estudiantes hispanos llamado POHS (Parents of Hispanic Students) en la Escuela Secundaria Mount Hebron. “Para mí fue un ángel que Dios nos envió para ayudarnos en todo el proceso; no se qué hubiera sido de nosotros sin ella. Tan servicial, tan atenta y siempre dispuesta. Fue la única persona hispana que conocí, porque por aquí somos muy escasos los latinos. Ella sabía de todo, siempre tenía respuesta a nuestras interrogantes. Y con el grupo POHS hizo mucho por la comunidad latina” comentó Wanda, quien para ese entonces desconocía que esa “dominicana” era familia de su vecina de toda la vida.

Danilsa con las niñas grandes

Sus hijas han crecido y ya no están en aquella escuela secundaria. No obstante, Dani se mantiene activa entre las comunidades estudiantiles de su ciudad, sirviendo también de consejera para aquellos estudiantes que necesitan ayuda en la búsqueda de trabajo.

Así es Dani. Una mujer de entrega, con alta capacidad de servicio y llena de energía, cuyos días parecen tener más de 24 horas, pendiente de todo y de todos: de sus hijas, de sus padres, sobrinos, amigos y de toda la comunidad.

En ocasión del Día Mundial del Cáncer su hija mayor, Debra, publicó unas palabras en honor a su madre, que sirvieron de inspiración para esta nota. Aquí sus palabras:

923094_10151631758902660_189198032_n“En agosto se cumplirán 14 años desde que mi madre luchó con el linfoma no Hodgkin. Los médicos le diagnosticaron un 40% de sobrevivencia y contra todas las predicciones ella lo venció y está ¡más saludable que nunca! Ella es mi fortaleza y mi heroína. Yo no sé qué haría sin ella y me siento bendecida pues el Señor la salvó cuando apenas yo tenía ocho años de edad. Mami, no sé qué haría sin ti, ¡I love you! #worldcancerday”.

Así es. Dios nos dio, a todos, otra oportunidad para seguir disfrutando del amor de este ángel, que ya no es sólo de la familia sino de Ellicott.

¡Te quiero prima, I love you with all my heart!

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