EL PRECIO DE LA LUNA

luna llena

Anoche vi por segunda vez la película LA MISMA LUNA (Under the Same Moon) y me emocionó tanto como la primera vez. La esperanza de dar una mejor vida a un hijo motiva a una madre mexicana a irse de manera ilegal a trabajar a Los Ángeles, Estados Unidos. Carlitos, de apenas nueve años, decidió embarcarse en su propia travesía en un desesperado intento por reunirse con Rosario, su madre, luego de no verla en cinco años. Cada domingo Rosario llamaba a Carlitos, describiéndole el entorno físico que la rodeaba y la luna que admiraba cada noche, la misma luna que iluminaba a Carlitos en México.

El camino está lleno de dificultades para ambos. La lucha de un inmigrante ilegal es desgarradora y la separación de madre e hijo la hace mucho más difícil aún. Pudiera decirse que LA MISMA LUNA se trata de dos historias separadas llenas de angustias, obstáculos y retos, cuya única esperanza era compartir una misma luna.

Seguro que entre los cuatro millones de madres latinas que han emigrado a los Estados Unidos, dejando atrás a sus hijos, han surgido millones de dudas, sinsabores, lágrimas y desafíos.  Probablemente si les preguntamos qué las motivó a seguir, coincidirán en el amor a sus hijos, en el deseo de ofrecerles un futuro mejor.

Me gustaría saber si los hijos preferirían realmente la separación de su ser amado en busca de una mejor vida para ellos.  ¿Es necesario que les ofrezcan la mejor vida que el dinero puede comprar? ¿O es mejor que la familia permanezca junta a pesar de los problemas económicos?

Me acabo de enterar de la desgracia de Josefina, a quien conocí cuando me confeccionó un precioso vestido largo que estrené para la boda de mi hermana Patricia.

Moon Moon 2Josefina es una dominicana muy simpática, sencilla, trabajadora y excelente profesional. Su título de diseñadora de modas y modista de alta costura le facilitó el camino para viajar a España y dejar atrás las precariedades económicas que atravesaba en nuestro país. Hace cinco años lo abandonó todo, aún a Raúl su hijo menor a quien dejó en manos de doña Altagracia, su abuela. El padre de Raúl declinó la responsabilidad de cuidar de su hijo adolescente por temor a que entorpeciera en su nuevo matrimonio.

A Josefina la vida le sonreía en España, gozaba de un buen trabajo, casó con un español, vivía cerca de sus hijos mayores y podía enviar una buena suma de dinero cada mes a Raúl y a su madre, mientras hacía “los papeles” para llevarse a Raúl a vivir con ella.

Luego de cuatro años consiguió los permisos legales y gestionó la llegada de Raúl a España para este 14 de septiembre. Los sacrificios de esta madre e hijo llegarían a un fin al igual que los sufrimientos por estar uno lejos del otro.

Raúl estaba feliz por el reencuentro con su madre y no paraba de demostrarlo. Aprovechaba cada día para despedirse de sus amistades a quienes estaba seguro que no vería en mucho tiempo. Aunque jamás pensó que esta despedida sería la última.

El martes 10 de septiembre, no salió de su habitación. Su abuela lo encontró muerto en la cama, víctima de un coma diabético. Este adolescente de 16 años, sufría de diabetes severa y requería de especial supervisión y cuidados. A diferencia de otras tragedias, debajo de la cama de Raúl no se encontraron drogas ni armas sino latas de leche condensada abiertas y consumidas.

Josefina, recibió la peor de las noticias. Ya con el dinero en mano para tenerlo en sus brazos no pudo cuidar de la salud de su hijo. Ha llegado a Santo Domingo a buscar el cuerpo sin vida de su hijo, inconsolable y llena de remordimientos.

Para ella ya la luna no es la misma.

La vida tiene dos caminos: seguir o parar, hacer o no hacer. En ocasiones nos cuestionamos si uno u otro.

Así que, mientras para algunos la luna se viste de ropajes de vientos fugaces y noches frías y taciturnas, la luna para otros sigue siendo testigo de muchas promesas y amores, entonces me pregunto:

¿Qué precio tiene la luna?

12 comentarios

  • ¡Simplemente…Bellooo!!!

  • Melba Riquelmy Jiménez Chávez

    Uff! una historia demasiado emotiva con un final MUY triste. Tantos sacrificios para ofrecerle una vida mejor a los suyos y quedarse con el remordimiento y el amargo sabor de la AUSENCIA cuando más se necesitaba. Es muy cierto que el dinero ofrece MEJORES condiciones de vida, pero NO puede comprar la SALUD. Seguramente por el interés habrán MUCHAS personas alrededor, pero el dinero NO puede comprar AMISTADES sinceras y verdaderas. Con el dinero podemos obtener bienes materiales, pero tristemente eso NO nos da la FELICIDAD plena. Existen muchas Josefina, que abandonan TODO por perseguir un gran SUEÑO, pero igual que este caso en particular, terminan en la más TERRIBLE PESADILLA. Dicen que la necesidad tiene cara de hereje y SIEMPRE como madres responsables queremos darle lo MEJOR a nuestros hijos, pero soy de las que prefiero comerme un plátano vacío en UNION familiar, que un caviar sola y alejada de los míos.

  • Gracias Jackie por esta reflexión, es triste la historia de Josefina, historia que podemos ver replicada en otras mujeres en todo el mundo solo cambiando las circunstancias. En ocasiones he pensado tomar una decisión similar a la de Josefina, pero la sola idea de dejar a mis hijos me llena de temor y doy marcha atrás. Sin embargo, ¿quien soy para juzgar la decisión de las Josefinas del mundo? y es que aun cuando quisiéramos entender sus motivaciones no podríamos. Si tomamos el tema de tu post, podríamos enfocarlo también en cómo dos personas con situaciones comunes ven una misma luna (una al lado de la otra ó muy distantes) y al mismo tiempo ver, sentir, anhelar, proyectar cosas muy diferentes. Raúl y Josefina tenían una visión muy parecida de la luna, aunque el precio quedó fuera de su alcance.

    • Gracias Ces! Me encanta tu reflexión. Y sí, es una decisión MUY difícil. Separarse de un hijo es el sacrificio más grande que una madre puede hacer. Es un sacrificio por amor. A veces resulta, otras veces no. Me apena que Josefina, una mujer tan buena, tenga que pagar tan caro su sacrificio y al final quedar con las manos vacías y un corazón inconsolable. Gracias por comentar.

  • Mi Jackie querida! Tienes la virtud de llegar siempre de manera profunda al corazon de tus lectores. Gracias! La historia de la tragedia de Josefina me ha conmocionado. Desde mi punto de vista, el admirar la luna al lado de mi hijo no tiene precio… y paradojicamente, considero prioridad el apoyo, la union y afiliacion familiar, como principal refuerzo de la motivacion de logro… Para mi, es el punto de partida, la causalidad y no la consecuencia.

    • La luna estando al lado de nuestros hijos ciertamente no tiene precio. Me parece que el consuelo de ver la misma luna, no es suficiente. Aunque la felicidad completa es difícil lograrla. Me encanta tu comentario. Gracias por leer el artículo y opinar sobre el precio de la luna. Un abrazo!

  • El precio de la Luna es el precio de la felicidad. Nadie tiene con que pagarla porque ella no se vende completa! Para lograr la felicidad es necesario pagar un precio tan alto que nos hace infeliz! Ella no se vende barata y la contrapartida que exige es regularmente del mismo valor que la felicidad que se procura. Ese es parte del gran dilema de la vida. Ser feliz es la mayor aspiración, pero como lograrlo sin lágrimas? Si el hombre pudiera tener la felicidad completa fuera como Dios! Ese fue el pecado de Adán y Eva. Para ser felices solo les faltaba comer de la fruta prohibida. Quizás esa fue realmente la maldición del señor: “Por haber querido ser como yo, os condeno a no tener felicidad completa”. Pero el señor nos dejo la oportunidad de poder lograr la felicidad aunque sea parcialmente y no nos privo del deseo de buscarla siempre aunque sepamos lo difícil que es encontrarla.
    Te féliicito por esas reflexiones respecto a un caso tan lamentable, y que quise apuntar solidarizandome contigo.

  • Pingback: Compartimos la misma luna | Jackie Viteri

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