Sí, comprendo

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Es imposible ganarle a la carrera de la vida hoy día. Los compromisos familiares y profesionales, el estrés y todo lo que exige el mundo moderno, en ocasiones, altera hasta nuestro equilibrio emocional. Momento éste en el que sólo un sí, comprendo es lo que necesitamos escuchar, del esposo, de los hijos, de los padres, de quien sea.

Como muchos, soy una persona que me gusta ser escuchada. Espero un buen trato de los demás, persigo las buenas maneras y la gente con detalles. Toma tiempo conquistarme. Una sonrisa, un buen servicio, un trato cortés, un gracias o un por favor son el mejor atajo para lograr una conquista menos dilatada. En ocasiones, un sí, comprendo pudiera tener el mismo efecto.

Milito en la galaxia de la conexión. Primero, en la conexión de una sonrisa, de una palabra, de una mirada, de escuchar con atención. Y en una segunda conexión que intenta desconectarme de ese mundo real y convertirme en un robot: el celular y la computadora.

Significa que estoy conectada todo el día, gravitando a alta velocidad según las exigencias del progreso. El problema es que tanta conexión hace daño o se daña. A mí me pasó lo segundo.

En mi intento de recuperar la red wifi de mi oficina, llamé por teléfono a la empresa que me suministra ese servicio. Creo que conecté directamente a otro planeta pues un robot cortés, llamado Carlos, me atendió. A pesar del buen dominio del idioma y de su guión, su cortesía mecánica era igual a un témpano de hielo.

Así iniciamos:

– “Buenas tardes, le habla Carlos ¿Cómo se siente?– me preguntó.

– “Bien gracias”– le respondí.

“Me alegra que se sienta bien”- contestó.

“Tengo problemas con el wifi”– le dije.

– “Sí, comprendo” – presentí solidaridad.

– “He desconectado la cajita varias veces y aún no tengo conexión”- continué explicando.

– “Sí, comprendo” – respondió de nuevo.

De ahí en adelante toda respuesta era un sí comprendo, hasta que ¡dejé de comprender! A los 24 minutos y 24 sí, comprendo de nuestra conversación, todo mi entorno comenzó a sacudirse: copas y lámparas sonaban como campanas, puertas que abrían y cerraban; y yo, seguía sin despegar el teléfono de mi oído. No podía darme el lujo de perder esta conexión que ya estaba avanzada:

– “Disculpe Carlos, repítame de nuevo lo que debo hacer, pues nos sacudió un fuerte temblor de tierra y me distraje. A propósito ¿lo sintió usted? – para ese entonces esperaba que la sacudida diera a luz al ser humano.

– “Sí, comprendo”, respondió.

No más palabras Magistrado.

De inmediato pensé en otra militancia, la de la conexión con el ser humano. Aquella que no se consigue pulsando el botón de un dispositivo, la que necesita sentir calidez estando dos cuerpos frente a frente, cara a cara. Cercanía que disminuye el estrés ocasionado por este ritmo desenfrenado que nos empuja a llegar primero o a llegar más lejos. Esa que desvanece divisiones y conecta cada punto hasta convertirlo en uno y regresarnos a nuestro lugar de origen.

Es la conexión que valora al ser humano, la que no desconecta, la que no necesita memorizarse un guión porque el sentimiento lo lleva en las entrañas. La que conoce el verdadero significado de un  sí… comprendo.

Lo dejo a tu comprensión.

 

 

 

2 comentarios

  • Melba R. Jiménez Chávez

    Ay Titi Jackie no te imaginas cuánto “Te Comprendo” pprque he sido víctima montones de veces por esa misma situación, al grado que pierdo el sentido del razonamiento lógico y me pongo a hablar sola, porque no hay quien me escuche, pidiendo a GRITOS, NECESITO UNA PERSONA QUE ME ESCUCHE, NO UNA MAQUINA”

    No sé si más adelante a mi hijo le sucederá, que es un fanático furibundo de la tecnología, pero nosotras que somos de otra generación, SIEMPRE SEREMOS CONQUITADAS POR LA CALIDEZ DEL SER HUMANO.

    Sería incapaz de oponerme a los avances tecnológicos que TANTO nos han simplificado la vida, pero como TODOS los excesos hacen daño, entiendo que JAMAS deberíamos perder el BUEN TRATO HUMANO.

    Por supesto que SI, TE COMPRENDO.

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