¿Dónde estaba Carlitos?

Un día feriado es un día idóneo para compartir con la familia o amigos en la casa, ¡pero ojo! no te descuides. Alguien te puede estar espiando y en un día de asueto puedes ser víctima de un secuestro.

bolas golf

Foto cortesía: Alfonso Conde y Benjamín Arias

Martes 26 de febrero de 1982. En la casa estábamos todos ocupados. Mami y las señoras del servicio atendiendo el brindis que se serviría a los invitados, mi padre seleccionando las bebidas y la música de la noche, mis hermanas jugando en su habitación y yo en una larga conversación telefónica de enamorados. Estábamos cada uno ajeno al otro.

Por todos los preparativos, se percibía que iba a ser una noche muy larga. La casa estaría llena de amigos, baile, sancocho, dóminos y risas hasta el amanecer. Era la noche antes de la celebración del Día de nuestra Independencia Nacional, era válido trasnocharse.

La noche estaba callada, muy tranquila. Apenas se escuchaba tránsito en la avenida. La inmaculada “alfombra” de hierva enana del lugar favorito de mis hermanos, el jardín, estaba iluminada por una luna muy joven aún. Desde la calle, la cerca de hierro permitía ver con toda claridad, el movimiento que existía dentro de nuestra residencia ubicada en la calle Reforma Agraria esquina avenida Núñez de Cáceres, en la urbanización El Millón.

No se les veía correr en el jardín ni a Cumbia ni a Gini, nuestros dos fieles y musculosos guardianes dóberman, porque se encerraban cuando recibíamos invitados.

 7:00 pm. Estaba casi todo listo para recibir a los amigos venezolanos que venían por primera vez al país.

Toda acción parecía concentrarse dentro de la casa, pero se nos había escapado un detalle: ¿Dónde estaba Carlitos?

A unos 400 metros de nuestro hogar, en otro residencial llamado La Castellana, en un solar desierto, oscuro y lleno de desperdicios, unas hojas cubrían el cuerpo boca abajo de un niño que luchaba por soltar sus piernas atadas con su propia correa. Al tiempo que una llamada telefónica, con intención de pedir recompensa, no lograba otra cosa más que un tono ocupado.

Carlitos beisbol

Carlitos en el jardín jugando beisbol

Mi hermano Carlitos, con ocho años de edad, de muy bajo peso y contextura aparentemente frágil, dos meses antes había sido operado de una persistencia del ducto arterioso (un soplo), en el Cleveland Clinic, Estados Unidos. No obstante, esto no disminuyó su afición por los deportes, sobre todo beisbol y golf, cuyas prácticas le ocupaban todo el tiempo. 

Esa noche había estado practicando golpes cortos (chipping) con unas bolas de golf, solo en el jardín. En esa práctica, una bola rodó debajo del portón de hierro hacia la calle. Carlitos abrió la puerta y al tocar la bola, una mano adulta agarró fuertemente la suya mientras que una voz le preguntaba: “¿Quieres más de esas bolitas?” a lo que Carlitos contestó afirmativamente. Caminaron por toda la acera que bordeaba nuestro jardín y el niño ya asustado por la aceleración del paso y lejanía de la casa, pedía olvidar “las bolitas” pues deseaba regresar a su hogar.

Imposible volver atrás, la mano extraña cada vez lo apretaba más fuerte. Este supuesto simpático amigo, de algunos 25 años, había cambiado su tono complaciente y amistoso a uno amenazante y demandante.

Dónde estaba Carlitos?

Carlitos a la edad de ocho años, cuando ganó su primer trofeo de golf. Santo Domingo Country Club

Nuestra calle era la penúltima de la urbanización El Millón por lo que en segundos llegaron a áreas desoladas e inhabitadas. Primero recorrieron el asqueroso y abandonado depósito de aguas residuales hoy convertido en el Parque Modelo Ambiental de la Núñez. Aquí el secuestrador intentó, en varios puntos, dejar al niño atrapado detrás de la maltratada valla ciclónica que bordeaba el lugar, pero la gran altura de la cerca frustró todos los intentos.

En todo el trayecto a pie, nadie sospechó del delito que se estaba perpetrando, quizás por el aparente parecido físico entre el secuestrador y mi hermanito; además de la actitud introspectiva y reflexiva de Carlitos, por un lado fruto de las constantes amenazas de muerte, como también a su poderosa atención a detalles que lo pudieran guiar en un intento de escape a su casa.

Caminaron unos 300 metros más. Aquí solos, en un terrenal donde sólo la pestilencia y los roedores abundaban, el delincuente interrogó al niño sobre datos personales de sus padres y teléfonos. Luego le quitó los cordones de sus tenis para amarrar sus manos detrás de la espalda, con su correa de Batman le sujetó las piernas y con un pañuelo le tapó la boca. Lo acostó boca abajo y cubrió su cuerpo con hojas secas.

El raptor ordenó a Carlitos a no moverse, pues se ausentaría por unos minutos para pedir una recompensa a sus padres,  y le advirtió haber dejado a “alguien” vigilándolo.

El intento del secuestrador de comunicarse vía telefónica tomó más tiempo del esperado. Carlitos presintió que ésta era su única oportunidad para escapar y frotó sus piernas hasta que la correa que las ataba, cedió. Y emprendió la huida con boca y manos atadas. Decidió tomar una ruta diferente y corrió a través de solares baldíos cubiertos de pasto pangola, que arañaban todo su cuerpo, hasta llegar y correr toda la avenida Núñez de Cáceres. Nuevamente, nadie se detuvo a auxiliar al niño.

 Así llegó a la casa.  A las 8:00 pm Carlitos arribó asustado, agotado, sucio, sudoroso y atado de manos a cabeza. Confieso que aún no nos habíamos percatado de su ausencia y en un principio, no entendíamos lo que estaba pasando. Al verlo, pensábamos que se trataba de un juego de vaqueros y luego el pánico estalló.

En segundos, además del grupo de amigos que nos visitaba, la casa se llenó de vecinos y policías quienes se dirigieron al lugar indicado por Carlitos pero sólo encontraron rastros del secuestro en el lugar. Nunca encontraron al autor del hecho.

¿Dónde estaba Carlitos?

Carlitos se ha convertido en un gran deportista

Durante los días posteriores, el niño tuvo que asistir a identificar al raptor entre varios detenidos y “hacer la ruta” varias veces con el coronel Berroa. En ese recorrido, les indicaba señales que había depositado para marcar el camino que lo llevaría de regreso a casa.

Carlitos con su salud recuperada y su admirable espíritu deportista, continuó sus prácticas en el jardín aunque con vigilancia. Ya no tiene nada de tímido, pero rara vez se refiere a esta historia.

 Y yo aprendí que un descuido de uno puede ser una oportunidad para otro, así que…

¡Cuidado con los días feriados!

13 comentarios

  • Jackie, qué valiente Carlitos! Porque esas calles eran solitarias y oscuras! No recordaba que habían pasado por esa situación tan difícil! Gracias por tu consejo de ‘No Descuidar’ en ningún momento a nuestros niños. Un abrazo,

  • Bueno Jackie, aunque eso paso hace mucho tiempo (y gracias a Dios no paso del susto), esta historia solo me vuelve mas paranoica. Vivo histérica con mis hijos con tantas “vainas” del medio.

  • Bueno Jackie, aunque eso paso hace mucho tiempo (y gracias a Dios no paso del susto), esta historia solo me vuelve mas paranoica. Vivo histérica con mis hijos con tantas “vainas” del medio. Tu hermano demostro gran madurez a sus 8 años.

    • Gracias por tu comentario Ces. Debo decirte, que mw hermano es tan peculiar que en la madrugada cuando se marchó todo el mundo, Carltos sólo insistía en una pregunta: ¿mañana salgo en el periódico? ¿Seré famoso? Y nunca dió muestras de que ese episodio lo marcara en su vida. Tiene un temperamento muy especial! Gracias Ces!

  • Jackie no sabía de esta experiencia en tu familia. Gracias a Dios no hubo nada
    que lamentar. Definitivamente no se puede uno confiar en nada ni en nadie.

  • Hola Jackie.
    Muy interesante tu advertencia, sobre todo para los que tenemos niños pequeños.
    Me resulta familiar el Coronel Berroa que tú mencionas, pues lo conozco y creo que actualmente vive en Santo
    Domingo Este. El Coronel Berroa tuvo a su cargo junto al Coronel Luna y al Teniente Coronel Castillos, la investigación de la muerte del casacambista Héctor Méndez. En esa época yo era Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo y me reuní con ellos en un par de ocasiones.
    Definitivamente, Carlitos nació para ser un Campeón, porque escapar como él lo hizo, no era fácil.
    Finalmente, tu narración tiene muchas moralejas: 1) Para los niños: No confiar en extraños; 2)Para los padres: Si tienes niños pequeños, no los pierdas de vista aunque estés esperando visita y 3) Para las hermanas mayores: Si tienes hermanito pequeño, no te entretengas hablando por teléfono con el novio y atiende a tu hermanito. Claro, si el novio no soy yo!
    Un beso.

    Emmanuel

    • Me alegra que hayas visto varias moralejas. Compartir nuestras historias enriquece a los demás. Difiero contigo con lo de hablar por teléfono porque por tradición, la responsabilidad de los hermanos menores se delega, en gran medida, en los hermanos adultos y me parece injusto. Los hermanos mayores también deben disfrutar cada etapa de su vida y la de cuidar y educar niños ya llegará una vez sean padres! Gracias por comentar.

  • La peor pesadilla para los padres! Una vez la chiquita mía, a los dos años y en proceso de entrenamiento para usar el baño en vez de los pañales, estaba jugando en una pila de arena en el área de juegos de un Restaurant. Recuerdo sentir un segundo de respiro profundo y un trago de una bebida fría. Inmediatamente volví a fijar la vista en mi hija y la vida me daba la sensación de que era posible relajarse por un instante. Y ese momento veo la niña moverse y mi ex me pregunta donde esta Verónica? Era una niña con la misma ropa que la mía pero no era ella!!! Buscamos por todas parte, hasta en la cocina del lugar y nada! Yo corria por todos lados mirntras agarraba la mano de la mayor repitiendo “me voy a morir”. Vino seguridad, ya repasaba que foto iba a usar a que canal de TV iba a ir todo en un pánico total y en negación de lo que estaba pasando. Ya casi listos para irnos veo a mi chiquita desnuda de la cintura para abajo caminado desde la parte trasera del restaurant hacia el área de juego. Horrores pasaron por mi mente pero corrí y la abrace, le pregunte donde estaba y me dijo toda orgullosa, en su media lengua de los dos años, “fui al baño sola!”. No se me hubiese ocurrido y a nadie más se lo ocurrió que había un baño detrás del local. Aliviada fuimos al baño y ahí delate del inodoro estaban sus zapatos y encima su pañal abierto. Nos regresamos a casa y al entrar mi hija mayor de 4 años, exclama “Verónica no vayas nunca más al baño porque sí vuelves Mami se va a morir!”
    No hay momento de respiro en la vida de los padres.

    • Gracias Marcelle por tu historia. Un minuto de descuido nos puede cambiar toda la vida. Mientras leia tu historia el corazón me palpitaba aceleradamente. Gracias a Dios que fue sólo un acto voluntario de tu niña. Qué linda! Pero a la vez, qué susto!!! Gracias por compartirla. Un abrazo.

  • Melba Riquelmy Jiménez Chávez

    Pero Dios mío y dónde ‘taba yo? Recien ahora me entero de este episodio y para esa fecha aún estábamos juntas en el colegio y con lo unidas que éramos me sorprende no recordar ese angustioso momento. Ante todo, mi admiración para Carlitos por la gran velentía demostrada y la destreza para salir airoso de una situación tan embarazosa, siendo apenas un niñito. Me consta lo desolada del área y sólo pensarlo, me da grimas. Gracias a Dios que no pasó del susto y bien atinado tu consejo para que estemos pendientes de nuestros pequeños SIEMPRE aún estando en nuestras casas!!

  • Eso susto pasamos Melba!!!! A Dios gracias no pasó de ahí. Y yo que he vivido siempre haciéndoles historias a ustedes, raro que se me escapara este bestseller de Carlitos!!! Un beso

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