Doña Zora, mi dama azul

“¡Vamos donde Niurka!” Escuchar esa frase para mí a la edad de cinco años, era música para mis oídos. Niurka es una amiga muy querida de mi madre –y de toda la familia-, ex compañera de labores del Royal Bank y su comadre querida, madrina de mis hermanas Patricia y Rita Claudia.

Cuando llegábamos a la casa -ubicada en la avenida Bolívar, frente al antiguo zoológico- me sentía libre y feliz. El recorrido iniciaba en un jardín muy bien cuidado con varios perros poodles bijou merodeando y el cariñoso saludo de don Ramón (el padre de Niurka), un señor muy discreto y callado. En el interior de la casa, en medio de varias salas se divisaba una preciosa escalera de hierro circular con pasamanos de madera. Al fondo estaba la sala multiusos, con un gran ventanal que permitía apreciar el patio lleno de flores con un camino que conducía a un gazebo lleno de flores que tejían toda su armadura de hierro.

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En la esquina de ese salón, estaba mi rincón favorito. En él una silla colgante en la que me mecía horas y horas. Es más, solía intercambiar “columpios” pues por ratos me mecía en la silla y luego me deslizaba por la escalera.

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Piezas de la colección de doña Zora

Mientras jugaba, escuchaba las carcajadas y largas conversaciones de las comadres. En esa tertulia, también se escuchaba una voz muy dulce relatando algunos cuentos, se trataba de doña Zora, la mamá de Niurka. Una dama menuda, refinada y culta que además de  simpática era la responsable de esta casa llena de personalidad y encanto. En cada rincón había huellas de su pasado. Fotografías de toda su historia familiar y objetos antiguos que narraban parte de nuestra historia nacional.

Vasos de la colección de doña Zora (me dijo que los compró en la época de Trujillo).

Al cabo de un rato me unía a degustar algún manjar exquisitamente elaborado por doña Zora y me llamaba la atención la delicadeza de cada detalle en su inmaculada cocina blanca con finas vajillas de porcelana oriental azul y blanca estilo inglés, exhibidas en las paredes y en su vitrina.

A pesar de ser yo tan niña, me llamaba la atención ver  la delicadeza con que doña Zora servía todo el brindis y cómo cada paso tenía su propio utensilio y ceremonia: platos de postres, tacitas de porcelana, cucharitas de plata, pañitos bordados y buena dosis de cariño y muestras de alegría por tenernos en su casa. La verdad que ella también disfrutaba del extenso repertorio de cuentos y chistes de mami.

Nunca le dije a doña Zora cómo las visitas a su casa marcaron mi vida y cómo admiré su finura y sus dotes de anfitriona.

Silla colganteNunca le hablé sobre mi propio sillón colgante y qué me motivó a tenerlo. Aunque sí supo sobre mi pasión por coleccionar piezas azules y blancas y tuvo la gentileza de enviarme varias piezas de recuerdo ¡de su propia colección!

Tampoco le dije la nostalgia que me causa pasar frente al Consulado de la República de Bielorrusia (Belarus) y ver que la casa de la familia Gallardo ya no existe.

Ya no podré decirle,  pues doña Zora -a la edad de 98 años- ayer se fue al jardín celestial, donde debe estar regando cada flor con el mismo amor que lo hacía en esta Tierra.

Adiós doña Zora. Estaba preciosa, me sorprendió ver que en su despedida vestía un hermoso vestido blanco con finos bordados azules…

3 comentarios

  • Melba Riquelmy Jiménez Chávez

    Como siempre amiga querida, me dejas sin habla. Tienes una magia en tu narrativa que nos transportas junto a ti a donde quieres. Esta ha sido una historia muy emotiva y que deja al descubierto tu gran sensibilidad desde niña, pues posiblemente para cualquier otra, esas visitas hubiesen pasado desapercibidas o tal vez resultasen hasta aburridas; sin embargo, aún siendo muy pequeña, tú supiste aprovechar y deleitarte de la exquisitez y buen gusto de tu querida dama azul. Sin duda alguna, Doña Zora estará en el cielo repartiendo tu amor y disfrutando nuevamente del re-encuentro y de los chistes de esa buena amiga de su hija, Doña Nilda. Nunca dejes de escribir!!

    • Me inspiras siempre Melba. Me encanta saber que sigues cada sencillez que escribo y espero tenerte ahí por siempre. Algún día escribiré cómo tú has tocado mi vida también. Digo, ya lo he hecho, pero falta hacerlo por este blog. Un abrazote!

      • Melba Riquelmy Jiménez Chávez

        Te ADORO amiga del alma y de tu sentimiento hacia mí tengo pruebas de sobra!!

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