Cómo el Gringo llegó a su destino sin pasaje

En una visita reciente al aeropuerto, mientras veía los afanes de los pasajeros con sus equipajes y demás, recordé la odisea de mis amigos Ricardo, Amy y sus hijas María y Valeria para llevar al Gringo desde Miami, Florida, a Santo Domingo, República Dominicana, en la Navidad de 1993.  Esta historia la publiqué en una revista en Miami (Exito!) pero como es una de mis favoritas, hoy la quiero compartir con ustedes.

El Gringo es un gallo de pelea que le obsequió un paciente del Palmetto General Hospital a Ricardo, quien es amante de los gallos y trabajaba en el hospital como médico. Como gesto de gratitud a sus servicios, muchos de sus pacientes –la mayoría cubanos- lo sorprendían con todo tipo de regalos.

Una noche de octubre llegó Ricardo con un nuevo regalo. Se trataba de una caja de cartón llena de agujeritos.

– “Ricardo, ¿qué es eso?, le preguntó Amy.

– “Es un gallo que le voy a llevar de regalo de Navidad a mi papá a Santo Domingo” explicó Ricardo.

Sus hijas, María y Valeria, se pusieron contentas al ver esta nueva “mascota” en casa. Amy no salía de su asombro y le comentó a su esposo: “sé muy poco de gallos, pero los he escuchado cantar. ¿Qué va a pasar cuando cante?”.

Ricardo, ni corto ni perezoso, le respondió que este ejemplar era apenas un pollo y que todavía no cantaba, cosa que ella dudó cuando vio el desarrollado plumaje de este animal.

Entonces decidieron “acomodar” al nuevo visitante en la sala frente a la puerta de la entrada del apartamento y se fueron a dormir.

Tal como Amy lo imaginó, a las 6:30 am la despertó un ¡quiquiriquíííí! No lo quería creer, saltó de los brazos de Morfeo con los pelos de punta; Ricardo ya se había marchado a trabajar y Amy no sabía que hacer con el Gringo cuyo canto –que repetía a cada minuto- duró más que un concierto de Ricardo Montaner.

Finalmente, lo colocó en el baño dentro de la bañera cubierto con todas las toallas de la casa. Pudo ser el último día de uno de los dos: el de Amy por un infarto o el del Gringo por asfixia.

Se encariñaron con el Gringo

Varias semanas pasaron y Amy y las niñas se aseguraban de entrar y salir del apartamento cuando ningún vecino las viera por temor a que les preguntaran por su peculiar reloj despertador. Este condominio estaba habitado sólo por norteamericanos – a excepción de esta familia latina- por lo que nunca entenderían ni aceptarían la crianza de un gallo en un apartamento.

Ricardo por otro lado, todas las noches sacaba su gallito de la caja para que se ejercitara, lo limpiaba y le untaba crema en las patas (para evitar infecciones por estar en un cajón cerrado). Las niñas disfrutaban también el momento alimentando al Gringo. En otras palabras, habían convertido el baño de las visitas en la suite presidencial de su mascota y entre Ricardo y las niñas colmaban al Gringo de cariñitos.

Amy, aunque le tenía temor, llegó también a tomarle cariño a ese precioso y fuerte gallo.

Pasaron varias semanas y días antes de su viaje de Navidad decidieron hacer los arreglos, vía telefónica, con la línea aérea para llevarse al Gringo con todas las de la ley.

Para sorpresa de todos, le informaron a Amy que era imposible llevar al gallo en una caja debajo del asiento, como tenían previsto, porque las aves no califican como animales domésticos. Eso sólo aplica a gatos o perros. Ricardo indignado le pidió insistir con la representante de la empresa aérea:

– “¿Y quién me dice que mi gallo no está domesticado? ¡Explícale el trato especial que le damos día a día!”.

Todo intento fue imposible. Incluso existía un embargo de carga a Santo Domingo que duraría varios meses. Ante tantas dificultades, Ricardo decidió no insistir más aludiendo saber cómo llevarse al gallo.

Fue entonces cuando comenzó, sin Amy saberlo, su misión de espionaje, es decir de “desplumaje”.

Agentes internacionales encubiertos

Llegó el día del viaje. Los nervios apenas dejaron dormir a la pareja de esposos. Terminaron de empacar y de recoger sus documentos. Ricardo le insistía a Amy que no había que preocuparse porque tenía la situación bajo control, le aseguraba que el gallo pasaría desapercibido por el aeropuerto. Minutos antes de subir al carro, Ricardo le inyectó a su pupilo un tranquilizante.

A un abundante equipaje de siete maletas se sumó un shopping bag conteniendo una caja de Nintendo último modelo, cubierto de una amplia variedad de meriendas en bolsitas.

El viaje al aeropuerto tomó una hora y la caja de Nintendo parecía estar encendida pues nunca dejó de ¡vibrar!

Al llegar al aeropuerto, Ricardo ubicó a su familia en una sala de espera mientras él hacía todos los trámites para el check in. Por supuesto los paquetes de mano quedaron con Amy y ahí comenzaron a caer en el piso las meriendas. El Gringo estaba más despierto que nunca y con ganas de ir “a pie” junto a su familia humana. Ricardo insistía en que el tranquilizante le haría efecto en cualquier segundo. Amy desconfiaba. Ya las niñas estaban asustadas.

Llegó la hora cero, había que pasar el equipaje de mano por los rayos detectores de metales.

Ricardo, quien para colmos vestía una camisa roja parecía un tomate completo; además rígido como un metal de cuyo dedo pulgar colgaba, casi sin querer sostenerlo, un precioso shopping bag. Su sospechoso transitar recordaba un capítulo de la comedia Yo Quiero a Lucy (I Love Lucy) donde Lucy agarró tal insolación que parecía un robot al caminar. Amy le insistía que caminara más natural pues por su actitud podía levantar sospechas.

Caricatura de Varela. Publicada en la revista Exito!

Ricardo depositó su Nintendo en la rampa y la familia lo seguía. Disimuladamente observaban la cara de asombro del agente al observar detenidamente la pantalla. Repitió la acción un par de veces pero no puso objeción. Probablemente pensó que se trataba del pavo de Navidad de la familia.

Ricardo aún más rígido y ya morado, tomó la bolsa y sin voltear atrás emprendió la fuga hacia la puerta de salida. Valeria (de cuatro años de edad) fascinada por el logro y sin poder alcanzar a su papi, le gritó:

-Papi, ¡PASAMOS EL GALLO!

Por supuesto, a Ricardo además de la rigidez le subió la bilirrubina y entre dientes le pidió a Amy que callara a la niña.

Al llegar a la terminal, la espera se les hizo eterna y se sentaron alejados de los demás pasajeros por temor a los comentarios de las niñas y al movimiento de la bolsa. Todos esperaban con ansias poder abordar al avión pues estaban seguros de que una vez despegara, no había marcha atrás aunque fuera descubierto el infiltrado. ¡Qué angustia!

Por fin se acomodaron dentro del avión y con apenas unos minutos de estar en el aire se escuchó: ¡quiquiriquíííí!

Pánico, histeria y falta de oxígeno sintieron los pasajeros que ocupaban la fila 10, quienes revisaron inmediatamente la caja que traían debajo de los asientos.

Mientras otra persona gritaba: ¡AMARREN A ESE GALLO! Y fue cuando descubrieron que no eran los únicos en esta odisea pues en el avión también viajaba otro gallo, pues para ese entonces el Gringo ya estaba soñando. Por supuesto no quisieron averiguar quién era el otro “compañero” por temor a delatarse.

Arribaron felizmente a Santo Domingo, pues la promesa era que en aduana dominicana los esperaría el padre de Ricardo para recibir su “obsequio” junto a la persona encargada de sacar al Gringo sin necesidad de dejarlo en cuarentena como mandaba la Ley.

Al estrechar los abrazos del feliz abuelo, recibieron la nueva noticia: el contacto no pudo llegar. Entonces Amy comprendió que la misión aún no terminaba y enseguida se puso a trabajar.

Mientras Ricardo ubicaba todo el equipaje, Amy se acercó a la salida y le pidió a un amable guardia de seguridad permitirle entregar a sus niñas a la abuela para que se refrescaran y merendaran un poco. Desde ese instante, era oficial la llegada a tierra dominicana de un nuevo habitante de fino estirpe, listo para residir en su nueva casa (una traba) y ser entrenado para combate.

El Gringo fue recibido como “El Añonaíto” en una importante traba del país pero el drástico cambio de una suite con todo incluido a un ambiente menos exclusivo, obligado a la sobrevivencia y con diferente alimentación, no les favorecieron. Cada día se fue debilitando y las espuelas no le valieron para defenderse aún en una primera pelea. Duró muy pocos días en su nuevo país de residencia.

A pesar de no tener el fin esperado, la historia de este hermoso gallo canelo siempre será recordada como la odisea de esta familia para cumplir el sueño del abuelo que anhelaba contar dentro de sus ejemplares con un padrote de origen español.

En estos días Ricardo le propuso a Amy llevar otro gallo, pero ésta le advirtió que en la próxima ¡de un huevo no pasa!

Feliz fin de semana mis amigos. Espero que hayan disfrutado esta historia. Espero sus comentarios.

22 comentarios

  • Jajajajajajajajaja!!!!…Me muero de la risa!!!…Esta historia bien pudiera estar en un cuento impreso ilustrado! Fantastica!

    • Gracias Milagrosa!! Un día la podemos publicar con las hermosas ilustraciones de un amigo muy querido: Penché y la diagramación de otro muy querido también: Luis! Y la portada de una adorada amiga: tú! Un abrazo y gracias

      • Jackie, la historia me puso hasta nerviosa! Me encantaría que lo hicieras animado! La verdad que nosotros los latinos somo únicos! Jajaja!!!

      • Gracias Alys!!! Me encanta saber que mueve algún sentimiento en el lector!!! Espero contar contigo para el próximo artículo! Gracias!

  • JOSE ATTIAS JUAN

    EXCELENTE NARRATIVA, Y UNA MUY AMENA SITUACIÓN.

  • Sahira Rodríguez

    Hahahahaha no paro de reír con esta historia, excelente … Definitivamente nosotros los dominicanos somos especiales, nos atrevemos a cosas que los demás creerían imposibles… Esta historia debería de salir publicada en uno de nuestros periódicos locales, así más personas se ríen y logran liberar un poco de estres..Esta de morir de risa. :).. Maravillosa querida capitana. Un abrazo!!!

    • Qué alegría saber de ti Sahirita querida de mi vida y mi corazón. Me alegro mucho que te gustara! Pásala a tus amigos y así me ayudas a correr la voz! Espero alegrarte con muchas historias más! Mi amor infinito!

  • Excelente narración!!! Me encantó!! Definitivamente me gustaría leer más…… Un beso Jackie.

  • Aún me estoy riendo Jackie…solo imaginar a “Ricardo” cambiando de color y queriendo que la fierra se lo trague en pleno aeropuerto. Excelente cuento.

  • Excelente historia, no paro de reír! La manera en que narro el cuento me hizo sentir dentro de el y el avión. (Quiquiiiiriquiiii jajaja)

  • Melba Riquelmy Jiménez Chávez

    Jajajajajajajaja, ‘toy mala de la risa!! Tremenda odisea con el Gringo, pa’l final terminar su vida tan pronto. Lo MEJOR de la historia, la coincidencia de que en el mismo vuelo viajara otro de su misma especie. La verdad es que los DOMINICANOS somos súper especiales!! La frase que mejor nos identifica NO PROBLEM!! Jajajajajajajaja!!

  • Muy buena historia , de ese gallo gringo es un dichoso que llegó a salvo y paso aduana como si nada, pero al mismo tiempo su vida será muy incierta desde que pise este país, donde unos manilos criollitos lo pueden desplumar en lo que canta un gallo………

  • Carmen Rosa Arredondo

    Jajajajaja…..Jackie, me encanto la historia del Gringo y mas aun tu forma al narrarla…..el mensaje fabuloso, como diría una vez mas, el amor hacia el abuelo y el deseo de agradarlo motivo a esta familia a esa travesía sin igual, pero cargada de ilusiones antes la satisfacción de lograrlo y complacer a alguien querido y especial….por otro lado, la osadía de nuestra gente y su jocosidad es ilimitada, por eso somos un pueblo inmensamente rico en alegría y calidad humana..Gracias por la gentileza de compartir tus historias y escrituras siempre tan bien recibidas……un fuerte abrazo!!!!!!!

  • Max Ho Montero M.

    JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA Estoy privado de la risaaa… Hasta mal me estan mirando en la oficina… El dominicano es unico en su clase jejejeje…

  • Jackie Jackie, me encantan tus historias me he reído a más no poder. En verdad una estampa que representa las peculiaridades del domiicano.. Pobre Gringo no pudo sobrevivir su nueva estancia.

    Arriba Jackie quiero oir más de tus historias. 🙂

    Un abrazo,

    Ynés

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