WhatsApp y los malos modales

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Para evolucionar sabemos que debemos ir acorde con los cambios, aún los que no somos millennials. Tenemos que estar al día con la tecnología, estar hiperinformados, correr al ritmo de la inmediatez y hasta liberarnos de algunos prejuicios que ha combatido la modernidad. Hasta ahí voy bien.

Pero, ¿por qué tenemos que deshacernos de los buenos modales o de la buena educación sólo porque la tendencia a ser usuarios de las actuales aplicaciones nos están esclavizando?

Soy usuaria activa de varias redes sociales pero hoy me voy a referir sólo a WhatsApp, no porque entienda que su uso sea perjudicial sino porque cuestiono el lugar que se le está dando a la cortesía, a la calidez, a la prudencia y hasta al sentido común cuando convenientemente se “abusa” de su uso.

¿A qué me refiero con conveniencia? Respondo con ejemplos:

1. Cuando se recibe un regalo y “resolvemos” dando gracias por WhatsApp en vez de intentar hacerlo, de manera cálida, en persona y de no ser posible, a través de una llamada telefónica. En este caso, el envío de una nota manuscrita también es apropiado, cortés y elegante.
2. Cuando un familiar cercano o amigo muy querido cumple años y “resolvemos” la felicitación con un mensaje por WhatsApp. Esto no sustituye la calidez de un mensaje sincero de felicitación en persona o vía telefónica, aunque tenga mil emoticones. Una llamada es mejor que una montaña de mensajes o correos electrónicos.
3. Cuando fallece una persona y el pésame se envía por esta herramienta de comunicación. Ningún abrazo virtual suplirá el real, tan necesario en ese momento.
4. Por la facilidad de hacer un envío con sólo presionar una tecla, se irrespetan horarios con el envío de mensajes en la madrugada o a altas horas de la noche. Hay que considerar las horas de descanso del receptor del mensaje.
5. Los chats grupales en ocasiones, llegan a convertirse en pesadillas con el bombardeo de reenvíos, cadenas de oraciones y envíos excesivos de videos. En muchas ocasiones sin respetar el propósito original del grupo.
6. Tal como decía en el punto uno, refiriéndome a escudarse detrás de esta app al dar las gracias, igual sucede cuando se desea pedir un favor. Para evitar “dar la cara”, se prefiere el envío de un mensaje por WhatsApp, aunque lo pertinente es hacer la solicitud en persona.

Así vemos cómo el uso de WhatsApp puede estropear una relación por un manejo equivocado, abundante en malos modales y carente de buenas maneras y cortesía.

En definitiva, estoy a favor de la presencia y buen uso de las redes sociales, sin olvidar que los buenos modales promueven relaciones más humanas y son la mejor herramienta para una convivencia armoniosa.

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